La cuarentena dictada por el gobierno peruano para frenar el avance del coronavirus ha hecho que, en algunos casos, el inicio de las clases escolares se tenga que postergar. Algunas instituciones han optado por brindar talleres virtuales para que los alumnos continúen aprendiendo a través de diferentes plataformas digitales.
Debemos recordar que la suspensión de clases como el uso de herramientas digitales es momentánea. Eventualmente, la cuarentena, el toque de queda y el estado de emergencia quedarán en el pasado cuando superemos este problema con éxito y así, volveremos a nuestras rutinas. Es en ese momento que nos encontraremos con los mismos retos de siempre del sector educación. Uno de ellos es mejorar las tutorías entre profesores y alumnos gracias al respaldo de los padres de familia.
Cualidades de un buen tutor. Un buen tutor siempre está dispuesto a escuchar a sus alumnos. El diálogo constante y honesto siempre será la principal arma de un profesor. Antes de criticar al alumno por alguna mala acción o porque ha bajado considerablemente en sus notas, hay que preguntarle cuál es el motivo. Asimismo, un buen tutor siempre busca nuevas formas de solucionar los problemas y es consciente de que finalmente dependerá del alumno mejorar su disciplina y su rendimiento.
Relación del tutor con los alumnos. Las tutorías también pueden ser conversaciones personalizadas entre el profesor y el alumno. Es una charla amistosa, llena de confianza, en las que se pretenden ayudar al alumno a ser mejor persona. Cada profesor mira al alumno de manera individual, le da una oportunidad, no se queda con una visión fija de lo que «han comentado otros de él», ni le prejuzga.
El mejor tutor es el que enseña al alumno a pensar, a despertar en él la curiosidad intelectual. El tutor ayudará al niño a que despierte en responsabilidad y aprenda a ser quien realmente necesita ser. El alumno tiene que percibir amor y entrega por parte del profesor. Un maestro de verdad siempre tiende a potenciar la originalidad de cada uno de sus alumnos.
6 claves para hacer una buena tutoría

1. Llevar preparada las dudas y consultas. Tanto los padres como el profesor, tienen que haber pensado aquellas cuestiones de las que quieran tratar sobre el niño, que les preocupa y las formas para ayudarlo a mejorar.
2. Los padres deben acudir juntos. Es conveniente que vayan ambos a la tutoría, tanto el padre como la madre para poder trazar mejor las líneas maestras de la educación.
3. Escoger bien el vocabulario. El tutor debe escuchar, sugerir, orientar y nunca imponer. Nunca debe decir frases como: «lo que tienes que hacer es esto o tal cosa». Tampoco los padres pueden imponer al profesor, que es diferente a exigir. Se debe llegar a un acuerdo.
4. Las tutorías deben ser discretas. Hay cosas íntimas que no deben o no tienen por qué trascender. Es positivo que el tutor sepa que se está viviendo una situación complicada en casa (una posible separación, enfermedad grave, etc.), pero son los padres los dueños de contar lo que deseen o no. Si el profesor conoce una situación familiar problemática porque el niño se lo ha contado, debe ser discreto a la hora de transmitirla a sus padres.
5. Las tutorías deben ser cortas y concretas. Se habla de cosas puntuales y prácticas, que no quiere decir frías y superficiales. Sin embargo, la conversación debe realizarse sin prisa y sin agobios.
6. No acabar sin haber concretado alguna meta. Tanto el profesor como los padres tienen que saber en qué cosas se va a trabajar con el niño para que mejore su rendimiento, sus hábitos y sus virtudes durante un periodo de tiempo determinado que se haya establecido.
Relación del tutor con los padres. En educación primaria, es importante conseguir fluidez y confianza entre los padres y el tutor, con el fin de ayudar al niño a sacar lo mejor de él de manera integral, es decir, desde el punto de vista académico, personal, humano y espiritual. Si se logra esa buena relación y el niño también se ha sentido escuchado y comprendido, habremos cosechado una base esencial para prevenir y solucionar conflictos, rebeldías y problemas que más tarde, en secundaria, llegarán.
Actividades de tutoría
Solución de problemas desde la visión sistémica. Se basa en insistir en resolver problemas a través de estrategias y métodos que ya fracasaron en previas oportunidades. Por ejemplo: es muy común recurrir al sermón para hacer “recapacitar” a los adolescentes, aun cuando somos conscientes de que esta solución rara vez funciona y habitualmente provoca respuestas de poca colaboración por parte de los alumnos.
A diferencia de otros modelos de intervención el modelo sistémico pone el énfasis en la interacción y entiende la realidad como un sistema que está compuesto a su vez de otros subsistemas y actores. No sólo se interviene con el alumno o con el “síntoma” sino que podemos actuar y colaborar con otros muchos actores que “interaccionan” en la situación problemática.
Metáfora del abrevadero: Nuestra labor puede consistir en intentar que un caballo beba agua de un abrevadero. Para ello podemos mandar hacer un precioso abrevadero de color atractivo para el caballo, capaz de mantener el agua fresca y clara. Podemos también allanar el camino que conduce hasta el lugar donde ubiquemos el abrevadero, hacerlo apetecible de pisar. Podemos endulzar el agua para que sea más apetitosa…, e incluso cansar al caballo para que sienta sed. Pero en el último caso, la decisión de beber el agua no es única y exclusiva del propio caballo (incluso cuando le hemos llevado a la fuerza hasta nuestro magnífico abrevadero). Del mismo modo con los estudiantes, la decisión final de cambiar y mejorar sus actitudes y desempeños será exclusivamente de ellos.

