Durante muchos años los padres de familia se preocupan por diversos factores de la educación de sus hijos. Están pendientes de que tengan buenas notas en el colegio, que aprendan un idioma extranjero y, en muchos casos, que reciban una educación en valores religiosos.

Sin embargo, hay un asunto realmente importante en la formación de los niños que los padres suelen pasar por alto: la educación emocional. Sobre todo, en el caso de los varones. Una explicación de ello podría ser que aún vivimos en una sociedad muy machista, en la que se cree que los hombres no deben expresar sus emociones, especialmente si reflejan debilidad o vulnerabilidad.

Importancia de educar las emociones en una coyuntura difícil

La complicada coyuntura en la que nos encontramos debido a la cuarentena para frenar el avance del coronavirus (COVID-19) ha hecho que el miedo, la ansiedad y otros sentimientos negativos se hayan apoderado de muchos niños y jóvenes en los últimos días. Por eso, es realmente importante tener en cuenta sus sentimientos y emociones, tanto ahora como cuando vuelvan a clases. Pero, ¿qué es realmente la educación emocional y de qué manera se puede desarrollar?

La educación emocional está basada en la inteligencia emocional y se refiere a un grupo distinto de habilidades mentales con las que las personas son capaces de:

  • Percibir, evaluar y expresar sus emociones.
  • Utilizar las emociones para facilitar el pensamiento.
  • Entender los antecedentes y consecuencias de las emociones.
  • Regular las emociones en uno mismo y en los demás.

Todas estas capacidades pueden y deben ser aprendidas por los niños en su desarrollo, y deberían ser competencias emocionales obligatorias tanto en las familias como en los centros educativos. Además, contribuyen a una buena y constante adaptación social y académica.

Educación emocional en el hogar

Los padres son el principal modelo de imitación de nuestros hijos. Para empezar, lo ideal sería que los adultos comiencen a entrenar y ejercitar su propia inteligencia emocional para que sus pequeños puedan adquirir esos buenos hábitos. En otras palabras: “Trate a sus hijos como le gustaría que los tratasen los demás”.

Asimismo, hay que tener en cuenta las emociones y las opiniones de los niños desde el inicio. Al ser escuchados se sentirán valorados en todo momento. Ellos deben ser capaces de tomar sus propias decisiones, aunque sea bajo la supervisión del adulto.

Por otro lado, fomentar la autoestima de tus hijos es realmente vital. Para conseguirlo es necesario darle responsabilidades acordes a su edad y reconocer su trabajo bien hecho.

Educación emocional en el colegio

La escuela es uno de los espacios más importantes dentro del cual el niño aprenderá y se verá influenciado para manejar sus emociones.

Por tanto, en la escuela se debe plantear enseñar a los alumnos a ser emocionalmente más inteligentes, dotándolos de estrategias y habilidades emocionales básicas que les protejan de los factores de riesgo o, al menos, que disminuyan sus efectos negativos.

Los objetivos que se persiguen con la implantación de la Inteligencia Emocional en la escuela, son los siguientes:

  1. Conocer cuáles son las emociones y reconocerlas en los demás.
  2. Clasificarlas: sentimientos, estados de ánimo, etc.
  3. Modular y gestionar la emocionalidad.
  4. Desarrollar la tolerancia a las frustraciones diarias.
  5. Prevenir el consumo de drogas y otras conductas de riesgo.
  6. Desarrollar la resiliencia.
  7. Adoptar una actitud positiva ante la vida.
  8. Prevenir conflictos interpersonales Mejorar la calidad de vida escolar.

Por último, para que se produzca un elevado rendimiento escolar, el niño debe contar con 6 factores importantes:

  1. Confianza en sí mismo y en sus capacidades.
  2. Curiosidad
  3. Autocontrol.
  4. Relación positiva con sus iguales.
  5. Capacidad de comunicar.
  6. Cooperar con los demás.

Juegos para educar las emociones

Lo que se busca, mediante divertidas dinámicas, es promover la exploración y el reconocimiento de las emociones primarias, como el enojo, la tristeza, la alegría, el miedo y las emociones secundarias como sorpresa, amor y vergüenza.

Juego 1: Dibujando emociones

Edad: A partir de 4 años de edad.

Materiales:

  • Fichas que representen las emociones primarias y secundarias. Por ejemplo, se pueden elaborar o imprimir caras de niños con las diferentes emociones.
  • Varias copias del contorno del rostro (niño o niña) para que luego se pueda realizar la actividad por parte de los niños.
  • Lápices de colores.

Instrucciones:

Se les pide a los niños que se sienten y presten atención a lo que se les mostrará. Una a una se irán mostrando las fichas con las diferentes emociones. Se les ayuda a que cada uno reconozca las emociones en las fichas mostradas.

Luego, se les da hojas con el contorno de los rostros y crayones o marcadores. Se les pide que dibujen una emoción en particular. Luego se les puede sugerir (si los niños tienen más de 6 o 7 años) que inventen un cuento en el que aparezca la emoción representada.

Juego 2: Imitar emociones

Edad: a partir de los 7 años de edad.

Materiales:

  • Una bolsa
  • Varios papeles en los cuales habrá escrita una emoción determinada

 Instrucciones:

Se coloca dentro de una bolsa el nombre de diferentes emociones. Luego se le pide a un niño que extraiga un papel con una emoción de la bolsa. A continuación, se le indica que él realice la mímica de la emoción para que el resto de sus compañeros adivinen la emoción propuesta. Gana aquel niño que más emociones adivine.

Luego se puede pedir a los niños que escriban un relato en el que se encuentre esa emoción imitada.