Hoy, sabemos que la tarea del maestro no es solo impartir conocimientos, también es necesario tener en cuenta el bienestar emocional de los estudiantes. Sin un clima adecuado en el aula – incluso si esta es virtual como ocurre hoy en día – los alumnos no podrán aprender. Las emociones y su control son parte de la educación y no deben quedar fuera de ella. Por esto, es importante que los maestros tengan la capacidad de generar un clima de aprendizaje armonioso y seguro para sus alumnos.
De este modo, los estudiantes estarán motivados para el aprendizaje. Es bastante probable que se haya registrado un descenso en el rendimiento académico y esto tiene mucho que ver con el clima emocional del aula. Las dificultades son reales y, por esta razón, Ediciones Corefo da estas recomendaciones a los docentes.
- Transmitir energía. Desde el saludo de buenos días, se puede percibir si existe un ánimo colaborativo y la motivación necesaria para llevar a cabo una buena clase. Si bien es complicado que todos mantengan su cámara encendida a lo largo de la clase debido a las limitaciones de la conexión a internet, al menos para el saludo inicial y las intervenciones es recomendable encenderlas y así crear una interacción mucho más cercana entre los estudiantes y el docente.
- Validar las emociones de cada estudiante. El docente debe aceptar que algunos niños están con energía baja o alta; emociones relacionadas con sensación agradable o desagradable. Hay que lograr que los estudiantes compartan su estado de ánimo real. Incluso si la clase es numerosa, es importante darles un espacio para que se expresen. Al preguntar “¿cómo están?”, se promueve la empatía en el grupo, permite a los compañeros comprender mejor a sus amigos.
- Identifica necesidades. Una vez reconocido el ánimo general del aula, es necesario pensar en un acompañamiento individual para los niños que lo necesiten. Este dependerá de la edad y características de cada niño. Al inicio, es mejor asumir una posición vigilante, observar cómo se desenvuelve, cómo afronta alguna dificultad o inseguridad y dejarlo resolverlas. Antes de fijarse solo en lo que le falta, reconocer su buena disposición e iniciativa para manejarse solo. Por supuesto que también será necesario detectar sus necesidades de ayuda y buscar la orientación o un apoyo particular si las dificultades persisten y generan estrés en el niño.
- Reconocer la frustración. La frustración es un nivel de intensidad medio de la rabia; si no se la controla, puede llegar a convertirse en ira o furia. Por eso es importante reconocerla y responder a ella de manera efectiva, a través del diálogo. Es comprensible que los alumnos la experimenten en estos tiempos, pues la educación a distancia es difícil para muchos de ellos. El otro gran problema es que la frustración suele reprimirse y puede llevarlos incluso a la deserción escolar.
- Promover el diálogo. Especialmente para los adolescentes, es importante sentirse escuchados. El docente puede establecer momentos en los que los estudiantes puedan expresar su opinión libremente acerca de la metodología del curso y las dificultades que atraviesan. Esto debe hacerse de manera ordenada y calmada. La dinámica ayudará tanto a los estudiantes como al docente a hacer el curso más llevadero.

