Los adolescentes son especialmente vulnerables a la carga emocional que conlleva un aislamiento social tan largo. En este artículo encontrarás algunas recomendaciones para ayudarlos.
Si bien la cuarentena total ha finalizado oficialmente tras más de 100 días de encierro, esto no significa que podamos salir o retomar nuestras vidas de manera normal. El cuidado constante debe continuar y la recomendación de todos los especialistas y el gobierno continúa siendo la de salir solo cuando sea absolutamente necesario.
Esto es especialmente cierto para los niños menores de 14 años que en nuestro país solo pueden salir durante 30 minutos cada día. Esta prohibición es necesaria para prevenir mayores contagios de COVID-19, que venían aumentando entre la población más joven, pero puede afectar negativamente la tranquilidad e incluso la salud mental de los adolescentes.
Entre los 12 y 17 años la edad usual de alumnos de educación secundaria- los adolescentes atraviesan situaciones complejas: están aprendiendo a relacionarse afectivamente, a entender sus emociones y a transitar hacia la adultez. En el contexto actual su situación se agrava notoriamente, debido a la pandemia y el encierro constante.
Estas son las principales consecuencias que sufren los adolescentes peruanos a causa del aislamiento social:
- Carga emocional y estrés. Sienten enojo, frustración e incertidumbre, además del alto nivel de estrés que sienten en sus casas y que ven en las noticias. Sintonizan nuestros estados emocionales, perciben la exposición al coronavirus como una amenaza, aumentan sus niveles de ansiedad y aparecen comportamientos desafiantes como enojo, gritar, discutir, tristeza o preocupación.
- Bajo rendimiento escolar. Si bien los adolescentes pueden adaptarse rápidamente a la tecnología, esto no quiere decir que la educación virtual no presente retos para ellos. Las clases a distancia y la carga de tareas puede jugarles en contra y afectar su rendimiento escolar.
- Miedo excesivo. Cuidar la salud y hacer lo posible para prevenir contagios es muy importante, pero algunos adolescentes pueden llevar esto hasta un extremo poco saludable. Algunos se vuelven muy obsesivos con los cuidados o muy temerosos y pueden estar en un permanente estado de alerta y ansiedad que puede afectar su salud mental en el largo plazo.
- Aislamiento. Pese a las diversas opciones que existen para comunicarse con sus amigos, los adolescentes pueden caer en un proceso de aislamiento y perder todo el contacto. Es importante que, sin caer en la hiperconectividad en las redes, el joven mantenga una vida social saludable y un grupo de amigos que sirva como una red de apoyo durante estos difíciles meses.

Si bien la situación es muy complicada, esto no quiere decir que no haya manera de ayudarlos. Los padres de familia y docentes pueden seguir estas recomendaciones para hacer más llevadera la situación para los adolescentes.
- Atento a las señales. Un estudio reciente de investigadores italianos y españoles, informa que el 85% de madres y padres notaron cambios en el estado emocional y el comportamiento de sus hijas e hijos. Así se descubrió que los síntomas más frecuentes fueron la dificultad para concentrarse, seguido de aburrimiento, irritabilidad, inquietud, nerviosismo, sentimientos de soledad y preocupación. De notar este tipo de actitudes, es recomendable hablar con él o ella.
- Da el ejemplo y sé claro. A los padres de familia les corresponde ser un ejemplo en esta pandemia. Comparte tus sentimientos con tus hijos y esto los animará a contarte cómo se siente. No es necesario mostrar una falsa seguridad sino permanecer unidos y enfrentar esto juntos.
- Limita el tiempo frente a las pantallas. Si bien conectarse con sus amigos a través de redes sociales los ayuda a mantener un cierto nivel de normalidad, pasar demasiado tiempo frente a pantallas lleva a una menor actividad física e incluso problemas de sueño. Si bien es complicado prohibir el celular o la tablet, puedes conversar con ellos y hacerles entender la importancia de dedicar tiempo a otras actividades.
- Entiende que para ellos la situación es más complicada. Si bien la pandemia nos afecta a todos, perder casi un año es una sensación muy diferente de acuerdo a la edad. Para un niño de 12 años, es una buena parte de su vida, mientras que para un adulto de 40 puede no parece tanto tiempo. Son este tipo de pequeñas diferencias las que pueden complicar aún más la situación.
- Fomenta el diálogo. Puedes generar espacios en los que cada miembro de la casa, en especial tus hijos, conversen u opinen respecto a cómo les fue en el día, si presentaron algún problema con su tarea o clases virtuales. Esto fortalecerá el vínculo familiar, al igual que te permitirá conocer sobre lo aprendido en clase o durante el día. Además, te permite entender cómo ayudarlo a reforzar la clase aprendida ese día.

