En la última década, la influencia de la inteligencia artificial ha venido con fuerza para quedarse. Todos hemos usado alguna IA en algún momento: Meta en WhatsApp, Gemini en Google y no olvidemos al famoso Chatgpt. Lo cierto es que existen muchas, pero recordemos que hace 25 años su antecesor era Wikipedia o el Rincón del Vago, donde podíamos encontrar todo lo que necesitábamos; sin embargo, con el paso del tiempo pudimos reconocer que estas páginas web en las cuales confiábamos tenían información que muchas veces no se podía corroborar o en todo caso era falsa.
Cuando pasamos a la era de Chatgpt obtuvimos todo rápido y a pedido: información “confiable” en cuestión de segundos, pero nos damos cuenta que los niños de hoy en día se acostumbran a obtener la información instantánea sin detenerse a revisar su veracidad y esto apoyado a que la mayoría de docentes no verifican con detenimiento.
Como toda herramienta digital, tiene sus ventajas y desventajas:
Ventajas
- Aprendizaje personalizado: Las plataformas pueden adaptarse al ritmo y estilo de aprendizaje del estudiante.
- Acceso 24/7 al conocimiento: A través de asistentes virtuales, los niños pueden resolver dudas fuera del horario escolar.
- Mejora de habilidades específicas: Algunas herramientas ayudan a fortalecer áreas como matemáticas, comprensión lectora o idiomas.
- Retroalimentación inmediata: A través de pruebas automatizadas o juegos interactivos, los estudiantes obtienen correcciones y sugerencias al instante.
- Facilita la organización: Existen apps que ayudan a los estudiantes a planificar tareas, estudiar por bloques de tiempo o repasar contenidos con inteligencia.
Desventajas
- Reducción del pensamiento crítico: Si los estudiantes solo copian respuestas generadas por IA, dejan de cuestionar, analizar o construir sus propias ideas.
- Dependencia tecnológica: Usar herramientas inteligentes para todo puede limitar el desarrollo de la autonomía.
- Pérdida de creatividad: Si todo está resuelto, ¿para qué imaginar o crear? Una IA no reemplaza la curiosidad natural ni la imaginación de un niño.
- Falta de criterio para evaluar lo que ven: Los niños y adolescentes pueden no distinguir entre una respuesta acertada y una incorrecta si no son guiados.
- Privacidad y datos personales: Algunas plataformas pueden recopilar información sensible sin que los padres lo sepan.
Aconsejamos lo siguiente
- Acompañar a nuestros hijos: Conversar y revisar la información junto a ellos. Usualmente, nuestros pequeños tienen la idea de que la información es confiable porque viene de Internet, pero es nuestro rol hacerles entender amablemente que la información que se obtiene de la web muchas veces puede ser falsa.
- Enseñar a recopilar de fuentes verídicas: Elegir aplicaciones confiables, revisemos siempre las reseñas y verifiquemos que estén alineadas a su nivel educativo. En caso les dejen como tarea investigar, podemos enseñarles a utilizar bibliotecas electrónicas, repositorios, etc.
- Limitar el tiempo de uso: La IA puede ayudar, pero nunca reemplaza la lectura, el juego libre o el contacto humano.
- Promover el pensamiento crítico: Sentarnos un minuto junto a ellos y explicarles que la información debe ser dirigida para sacar nuestras propias conclusiones y así fortalecer el pensamiento crítico. Preguntarles qué aprendieron y de esta forma, motivarlos a reflexionar. Armemos preguntas abiertas, hay que animarlos a investigar más allá de lo que dice una aplicación.
- Fomentar la creatividad fuera de la pantalla: Desarrollar actividades como dibujo, escritura libre, juegos de mesa o actividades al aire libre también educan.
La inteligencia artificial puede ser una gran aliada en la educación de nuestros hijos, siempre que se utilice con criterio, guiados por adultos que comprendan su potencial y sus límites. Como padres, tenemos la oportunidad y responsabilidad de guiar a nuestros hijos para que desarrollen no solo conocimientos, sino también valores, creatividad y juicio personal. La IA puede enseñarles muchas cosas, pero el corazón del aprendizaje seguirá estando en el diálogo, la curiosidad y el vínculo humano. Es importante recordar que las herramientas tecnológicas son eso: instrumentos que apoyan, no dirigen.
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