De acuerdo a cifras del Ministerio de Salud (Minsa), entre el 3% y el 7% de la población escolar sufre algún grado de Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH). El TDAH incluye una combinación de problemas persistentes, tales como dificultad para mantener la atención, hiperactividad y comportamiento impulsivo.
Los niños con TDAH también pueden tener dificultades de baja autoestima, la formación de relaciones interpersonales y el bajo rendimiento escolar. Si bien los síntomas pueden disminuir con la edad, algunas personas nunca superan por completo las secuelas de este trastorno.
¿En qué consiste?
Los síntomas del TDAH comienzan antes de los 12 años de edad y, en algunos casos, se notan a partir de los 3 años de edad. Un niño con TDAH no es capaz de prestar atención a los detalles o comete errores por descuido en los trabajos escolares; le cuesta permanecer concentrado en tareas o juegos, parece no escuchar incluso cuando se le habla directamente, tiene dificultades para seguir instrucciones y no logra terminar las tareas.
También evita o le disgustan las actividades que requieren un esfuerzo mental de concentración como las tareas escolares, pierde los elementos necesarios para sus actividades, se distrae fácilmente y se olvida de sus obligaciones.
Los problemas no solo están ligados a su educación. También suele estar siempre inquieto, da golpecitos con las manos o los pies, está incómodo en su asiento y en constante movimiento, va de un lado para otro, salta o trepa en situaciones inapropiadas, tiene problemas para jugar o realizar actividades tranquilas. Además, habla demasiado; da respuestas apresuradas, tiene dificultades para esperar su turno, interrumpe a quien le hace preguntas, juegos y actividades de otros.
Si un padre de familia percibe estos comportamientos de manera constante en su hijo, es recomendable acudir a un médico. Es probable que él lo derive a un especialista como un pediatra del desarrollo y el comportamiento, un psicólogo, un psiquiatra o un neurólogo pediátrico. Es importante que primero se realice una evaluación médica para detectar otras posibles causas de las dificultades de su hijo.
¿Cómo pasar la cuarentena?

El aislamiento social obligatorio puede afectar el estado anímico y la salud mental de los niños diagnosticados con TDAH. En algunos casos presentan cuadros de ansiedad al no poder salir de casa y disfrutar de las actividades que desarrollaban normalmente. Para ellos es muy importante cumplir con sus rutinas y tener una organización en su día a día.
Aquí te damos algunos consejos para llevar mejor la cuarentena y evitar los problemas que puedan presentarse.
- Crea orden. Incluso en estas semanas en casa, los niños con TDAH necesitan horarios y rutinas. Es importante mantener las horas de levantarse y acostarse y también establecer horarios fijos de trabajo escolar. Asimismo, deben estar encargados de participar en las tareas del hogar: ordenar su cuarto, limpiar, guardar su ropa, etc.
- Tiempo para divertirse. No todo en la vida son obligaciones. También es importante asignar momentos para relajarse y disfrutar. Puedes organizar momentos para pintar, dibujar, bailar o jugar algo en familia. Es recomendable dosificar el uso de dispositivos como celulares, tablets o la computadora.
- Actividades familiares. Ver una película en familia siempre es divertido. Al terminar, todos pueden comentar qué fue lo que más les gustó o disgustó. Este ejercicio no solo será entretenido, sino que también ayuda a mejorar la memoria y capacidad de atención del niño.
- Anticípate. Lamentablemente, es probable que el estrés o la ansiedad de la cuarentena generen un mal comportamiento. Por este motivo, es importante que los padres de familia se anticipen a posibles situaciones de conflicto con su hijo con TDAH. Pueden conversar claramente con el niño para advertirle sobre conductas negativas que no deben ser toleradas.
- Da instrucciones claras. Desde mayo, los niños pueden salir a dar un paseo corto. Sin embargo, es necesario que durante estos paseos el menor evite tocar objetos en la calle y el contacto con otras personas. Para eso, el padre de familia debe dar instrucciones claras y no solo pedirle que “se porte bien”.
- Elige tus batallas. Los problemas serán inevitables. Finalmente, los niños siempre serán niños. Trata de darle libertad e intenta reducir las llamadas de atención a lo estrictamente necesario.

