Actualmente, no es suficiente que un estudiante memorice fechas y nombres de libros o autores. El acceso a la información es inmediato y está al alcance de la mano, ya sea en un celular, una computadora o una tablet. La generación actual de jóvenes estudiantes sabe cómo acceder a ella con facilidad. Por eso es más importante que aprendan a evaluar toda esta información y desarrollar su pensamiento crítico y reflexivo.

El pensamiento crítico ayuda tanto a los estudiantes como a los profesionales que serán un día- a discernir entre lo cierto y lo falso, lo importante y lo superficial. Es una habilidad crítica para distinguir entre un hecho y una opinión. Si bien es cierto que todas las personas tenemos la capacidad de pensar, esta es una competencia que puede y debe aprenderse.

Lamentablemente, en el contexto actual, es habitual que la educación se siga centrando únicamente en los contenidos y deje de lado el desarrollo de habilidades enfocadas a poder trabajar dicha información correctamente. No olvidemos que esas capacidades permitirían un aprendizaje más significativo.

Todo esto se vuelve aún más relevante en el contexto actual de la pandemia del COVID-19, en el que los alumnos reciben clases en casa. Es indispensable que las clases virtuales no se conviertan en una simple exposición del profesor y un estudiante sentado frente a la computadora escuchando y tomando notas. Hay mejores maneras de enseñar, que involucran un mayor compromiso de parte del estudiante. Todas ellas son aplicables en el aula de clases y también de manera virtual.

¿Cómo desarrollar el pensamiento crítico en los estudiantes?

Por ejemplo, el docente puede promover debates de preguntas abiertas que permitan a los alumnos expresar sus opiniones y los obliguen a comparar diferentes fuentes, a posicionarse, a explicar qué han entendido. Una conversación grupal online es una excelente oportunidad para organizar un debate en clase.

De esta manera, el estudiante aprenderá también a hacerse preguntas y a buscar mejor información. Durante todo este proceso, el profesor puede actuar como un guía, no ofreciendo respuestas, sino enfocando a los alumnos para que ellos mismos las encuentren.

Este tipo de ejercicios forman parte de las metodologías activas de enseñanza. Gracias a estas, el alumno deja de ser un elemento pasivo, que solo escucha y vuelve a repetir aquello que se ha explicado, y se convierte en un protagonista de su propio aprendizaje. Ese es el objetivo de metodologías como el estudio de casos y el aprendizaje basado en proyectos. Estos ejercicios despiertan su interés, motivación y curiosidad por aprender. Además, el trabajo en equipo inducirá a los alumnos a compartir opiniones y discutir para construir una respuesta final.

Aprender a dudar de la información que se obtiene es también una habilidad que debe ser desarrollada. Es importante que los alumnos se planteen la fiabilidad de las fuentes que consultan y la veracidad de la información que reciben, para que sean ellos mismos quienes aprendan a diferenciar entre lo que está fundamentado y lo que no. Así podrán emitir juicios elaborados y lograrán su autonomía intelectual.

Otra gran ventaja de este método de enseñanza es el fortalecimiento de la confianza del alumno en su propia opinión y pensamiento. El estudiante debe ser capaz de hacer oír su voz y generar una opinión personal basada en hechos y datos. Equivocarse también es parte del proceso de aprendizaje. Se debe crear en el aula un ambiente de confianza y compañerismo, en el que todos aprendan no solo del profesor, sino de sus compañeros de clase.

Hay que cambiar el enfoque de la educación formal y llevarla al desarrollo de la capacidad crítica de los estudiantes. Este debe ser un objetivo claro para la escuela, principalmente desde los años de la educación secundaria. Todo esto no quiere decir que los jóvenes no deban adquirir conocimiento, pero es más importante que sepan qué hacer con él. La hiperconexión virtual que tienen los jóvenes hoy en día puede ser aprovechada para desarrollar sus capacidades.