Cada 1 de marzo se conmemora el Día de la Cero Discriminación. Con esta celebración, las Naciones Unidas buscan terminar con las conductas denigratorias que todavía existen en la sociedad. Este año, el foco de la efeméride se centra en la necesidad urgente de actuar para poner fin a las desigualdades de ingresos, sexo, edad, estado de salud, ocupación, discapacidad, orientación sexual, uso de drogas, identidad de género, raza, clase, etnia y religión; que siguen existiendo en todo el mundo, haciendo un énfasis especial en la emergencia sanitaria que se vive a nivel mundial a causa del coronavirus.
La pandemia ha causado que la desigualdad aumente para más del 70% de la población mundial, lo que agrava el riesgo de división y obstaculiza el desarrollo económico y social. La pandemia, además, afecta con mayor dureza a las personas más vulnerables. Incluso, cuando se dispone de nuevas vacunas contra la COVID-19, existe una gran desigualdad en el acceso a las mismas.
Los niños y adolescentes deben aprender sobre esta problemática mundial y corresponde a docentes y padres de familia educarlos en los valores de la igualdad, solidaridad, empatía y respeto por los demás. Esto es muy importante en un contexto en el que, al día de hoy, un total de 96 613 estudiantes venezolanos migrantes y refugiados (52 319 niñas y 44 294 niños) están matriculados en escuelas peruanas, de acuerdo a cifras del Ministerio de Educación. Incluso, se estima que más de 60 mil niños migrantes no están registrados todavía inscritos en el sistema del Ministerio de Educación.
Estos son algunos mensajes clave que los docentes pueden compartir con sus estudiantes este 1 de marzo:
- Dignidad y equidad. Para lograr la dignidad en todas las personas, las políticas económicas y sociales de un país deben proteger sus derechos y prestar atención a las necesidades de las comunidades desfavorecidas y marginadas. No se trata de “beneficios especiales”, sino de asegurar condiciones mínimas de bienestar para todas las personas por igual.
- Compromiso de todos. No hay esfuerzo pequeño. Acabar con la desigualdad requiere que todos nos convirtamos en motores del cambio. Al gobierno le corresponde redoblar los esfuerzos para erradicar la pobreza extrema y el hambre, e invertir más en sanidad, educación, protección social y empleos dignos. A toda la población nos corresponde actuar con valores, ser solidarios y tratar a todos por igual.
- Ciudadanía informada. Este sería un excelente mensaje para los estudiantes de los últimos grados, que están a punto de convertirse en adultos e ingresar al proceso democrático del país. Es necesario que la ciudadanía se informe sobre los postulantes a la presidencia y al Congreso. Debemos elegir gobernantes que prioricen el crecimiento social y económico inclusivo, eliminen leyes, políticas y prácticas discriminatorias, y garanticen la igualdad de oportunidades y reducir las desigualdades.
- Denuncia ciudadana. En el Perú, la discriminación es un delito. Sin embargo, es un acto que suele ser invisibilizado debido a que la víctima suele ser una persona en situación de vulnerabilidad. Sin embargo, todos podemos desempeñar nuestro papel denunciando la discriminación allí donde la vemos, dando ejemplo o defendiendo cambios en las leyes. Todos tenemos un papel que desempeñar para acabar con la discriminación y reducir así las desigualdades.
Un mejor mundo para todos. Esto es algo que deben entender los padres de familia. No podemos lograr un desarrollo sostenible y hacer que el planeta sea mejor para nuestros hijos si se excluye a las personas de la posibilidad de una vida mejor, ya que en el mundo actual, todos estamos interconectados. La desigualdad global nos afecta a todos, sin importar quiénes somos o de dónde venimos.

