Educando con disciplina positiva

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Cuando mencionamos el término “disciplina” nuestra mente se dispara a imágenes donde se imponen  normas y límites  para establecer la obediencia y “portarse bien”.  Por lo tanto una buena disciplina, para  muchas familias, significa “ser educados” y “no molestar”.

En nuestro lenguaje familiar, la disciplina tiene que ver con la perspectiva que tenemos sobre lo que es crianza, y esto por supuesto se refiere a las costumbres que se trasmiten, consciente o inconscientemente,  en lo que respecta a formar y educar en rectitud para que los hijos no se “pierdan” o se “desvíen del buen camino”.

Recuerdo que una de las frase que empleaban los maestros y también los profesores, era el del “árbol que crece torcido jamás se endereza”, de esta manera era necesario el disciplinar (sin importar como) con tal de que uno desde la niñez “crezca derecho”. 

Lamentablemente esa forma de “disciplinar” incluía “cocachos” “nalgadas” “campanazos” “tirones de patillas” “reglazos” “correazos”, etc. De igual manera, se tenía “libertad” para usar palabras como “bruto” “bestia” “burro”, etc., aduciendo que era la forma de alentar y desafiar al menor para que no siga cometiendo errores…y por supuesto, los errores continuaban o se acrecentaban en rebeldía y confrontación muchas veces.

No faltaba la ocasión en que cuando observaban nuestra libreta de calificaciones, a pesar de tener varias notas aprobatorias y con un buen puntaje, solo se observaba si había “un desaprobado” o un “rojo” que “manchaba nuestra libreta escolar”. Es decir, no importaba cuanto uno se esforzaba en el aprendizaje, basta que obtuviera una nota menor, era suficiente para desvalorizarlo enfocando selectivamente hacia la nota negativa. Esto reflejaba que la disciplina solo valorizaba lo negativo que uno hacia sin mirar los logros de la persona.

 El presente artículo se basa en cómo establecer una disciplina positiva con estrategias que apunten a trabajar la formación de una adecuada autoestima y desarrollo integral para la vida.

 

LA DISCIPLINA EMPIEZA CON EL ADULTO

Creemos que la disciplina tiene que ver con el menor. Gran error, la disciplina empieza con los padres que afrontan la responsabilidad de la crianza. Implica reestructurar los pensamientos, conductas y estilos de vida para una autodisciplina adecuada.  Por supuesto, empezando con el buen trato al cónyuge para proyectarlo hacia los futuros hijos.

Por lo tanto, la disciplina es un acto de amor, donde se dispone a cambiar para enrumbar la vida de su familia basado en los valores que desean inculcar y heredar.

 

LA DISCIPLINA POSITIVA

La disciplina es la oportunidad  para que las personas  participen de su propio desarrollo y aprendan a relacionarse en su entorno. De igual manera proveer herramientas para que se valoren y aprecien a los demás.  La idea es cultivar en ellos la capacidad del dominio propio para que alcancen la madurez como seres humanos.

En otras palabras la disciplina debe proveer habilidades para que los hijos identifiquen y disciernan lo que es adecuado o no para su crecimiento y desarrollo integral.

 

ESTRATEGIAS PARA USAR LA DISCIPLINA POSITIVA

Instruya sin gritar

¿Por qué pensamos que si gritamos validamos nuestra autoridad como padres? Es una falacia pensar que si levantamos nuestra voz  significa mostrar carácter fuerte.  Todo lo contrario, el gritar es manifestación de inseguridad y frustración porque no tenemos argumentos suficientes para demostrar la certeza de nuestras normas y aseveraciones. Usemos un nivel perceptible de voz adecuado para quien oye nuestras palabras.  La razón y dialogo tiene mas peso de autoridad que el vociferar palabras que incluso pueden herir.

Propicie un momento de calma

Usted no puede perder el control. ¿Quiénes son los adultos? ¿Quiénes son lo que mantienen el dominio propio como manifestación de madurez?  Eso es lo que se espera de los padres: control emocional.  Por lo tanto, si va a disciplinar hágalo en un ambiente donde no este enfurecido,  pues puede hacer que la disciplina en vez de ser un espacio de corrección e instrucción se vuelva un momento de ira y desahogo.

Establezca claramente las normas

No adivine que ellos saben sus límites y responsabilidades. Si no los dice y explica con paciencia y claridad, no espere que lo comprendan como los adultos lo hacen.  No use sarcasmos  ni palabras hirientes ni comparativas. Dialogue mencionando las consecuencias positivas de realizar sus responsabilidades.

Fomente su autoestima usando elogios 

Las palabras de elogio y las muestras visibles de afectividad son los recursos que los niños y adolescentes necesitan para construir la autovaloración de su persona y el de sus relaciones interpersonales. 

Ayude, sin burlarse ni usar la ironía, que reconozcan sus errores y así desarrollar su inteligencia emocional para resolver los conflictos venideros.

Nunca ofender con insultos cuando se equivocan, puede provocar en ellos pensamientos distorsionados de que merecen  ser  maltratados y que tienen derecho a maltratar.

Utilice su vida como ejemplo.

No exagere colocándose como ejemplos intachables de vida.  Las experiencias son anécdotas que servirá como punto de partida para afrontar el mundo que se les viene.  De la  manera como usted se desenvuelve con las normas de su trabajo, con el trato de pareja, con la forma de comunicarse con los demás en la vida cotidiana; así también serán imitados por los hijos.  Que sus palabras de consejo sean tan sabias como la forma en que manifiesta su vida con los del alrededor de usted.   Si es amable, tolerante y comunicativo, estará enseñando que es el conducto adecuado para interrelacionar con las otras personas es el diálogo con argumentos y validez de opinión.

A manera de conclusión

Recuerde que el propósito de la disciplina es que los hijos maduren y sean responsables con sus vidas. La disciplina sirve no para maltratar ni ser un momento de desahogo emocional, sino es generar espacios de formación para orientar en las normas de convivencia.

Se debe enseñar el cumplimiento de las normas, orientándoles en sus responsabilidades.  Recuerde elogiar y explicarles los logros que se alcanzan cuando se respetan las reglas y normas.

Educar en positivo, es construir espacios donde los miembros de nuestro hogar se fortalezcan admirando sus logros y capacidades a la vez que se proponen impactar su realidad y entorno.

 

 Por Roberto C. Flores G. (docente y psicoterapeuta)

 

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