CUANDO LA ANGUSTIA POR IR AL COLEGIO ES DEL DÍA A DÍA

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Como se tocó en uno de nuestros artículos denominado “Adaptación escolar: un período que todo estudiante experimenta”, la adaptación es un proceso que no se presenta de la misma manera en todos los individuos. Habrá de los que en la primera semana se acoplan perfecto al ritmo, pero también habrá de los que a pesar de que los espacios y las personas son las mismas, no logren adaptarse en el tiempo “esperado” por los adultos. Nos surgen las siguientes preguntas: ¿Esta actitud es esperada solo en niños o también se presenta en adolescentes? ¿Cuánto tiempo debería durar? ¿Qué hacer con ellos? Todas estas interrogantes son válidas y necesarias para saber qué debemos hacer.

La adaptación no es una cosa de niños. No solo los niños pasan por este proceso, también hemos tenido que acompañar a adolescentes que experimentaron dificultades en su proceso de adaptación. En ambos casos, estas dificultades vienen acompañadas por bajo rendimiento escolar (pensar que no podrán con las áreas académicas), porque no establecieron relaciones vinculares positivas con sus compañeros o porque tampoco lograron una conexión emocional positiva con sus profesores. En el caso del pre –  escolar y primeros años de primaria, suele presentarse como causa una dependencia hacia los padres o el hogar.

Cuando el proceso de adaptación se hace largo y sin resultados. Nos preocupamos cuando  pasan las semanas y no vemos resultados aparentes. Nos guiamos del mensaje que los profesores nos brindan: “Ya pasará, en unas semanas estará como Pedro en su casa”, pero ustedes ven que no hay avances. Lo esperado sería que el proceso de adaptación –en caso de niños que son más sensibles– sea de unos tres meses aproximadamente siempre y cuando haya una intervención de parte de los padres y escuela. Esto quiere decir, coordinar estrategias. Los indicadores de logro serían ver semana a semana que el estudiante se acuesta sin temores, disminuyen pesadillas, hay mayor disposición para levantarse, cesan las náuseas o dolores de cabeza, poco a poco prescinde de la presencia del adulto que lo recibe en el colegio, participa en la clase y se acopla al grupo de amigos(as).

Acciones frente a la presencia y persistencia de angustia. Hay varias estrategias, así que las agruparemos en acciones para niños y para adolescentes.

Acciones generales:

En ambos casos comunicar a tutores y psicólogo(a) las conductas que su hijo(a) está presentando, que lo lleva a sospechar de posibles dificultades en la adaptación escolar.

Mantener la calma frente a este proceso y dar el tiempo necesario.

Si se observa que la situación no progresa o se agrava, será necesario consultar con un psicoterapeuta.

¿Qué hacer con los niños?

Lo que te toca hacer:

Muestra tranquilidad. No debe observarte angustiado(a). Por ello, las despedidas deben ser breves, sin dejar que el niño se aferre a ti.

Sería genial que puedas llevar y recoger las primeras semanas.

Sé puntual a la hora de ingreso y salida para no generarle angustia.

Rescata los aspectos más positivos de la escuela y de las actividades que en el día a día se presentan.

Comparte tiempo con tu hijo(a) después de la escuela.

Lo que puedes pedirle al colegio:

Flexibilizar horarios durante las primeras semanas de trabajo.

Invertir el tiempo en establecer relaciones vinculares entre profesores y estudiantes.

Disminuir la cantidad de tareas escolares para la casa.

Pedir que alguien (mejor si es la misma persona) lo reciba en la puerta para brindarle tranquilidad.

Pedir el permiso para que lleve un objeto de casa que le brinde tranquilidad porque lo relaciona con su hogar.

¿Qué hacer con los adolescentes?

Lo que te toca hacer:

Muestra tranquilidad y comparte el tiempo con él/ella.

Considera que las áreas académicas son más complejas, además comprender que está en una etapa en que tiene otros intereses.

Preocúpate en investigar cómo están sus redes de amigos: ¿tiene amigos o está solo(a)?

Promueve que visite a sus amigos en las tardes para que pueda saber que ellos estarán en el aula al día siguiente.

Valida sus emociones y establece acuerdos con él/ella. Ej: “Sé que no te estás sintiendo bien en el colegio pero me ayudaría saber qué lo está causando para poder buscar soluciones juntos”. “Si me dices qué está pasando, podemos conversar en el colegio para que te apoyen en este proceso”

Si sospechas de problemas de bajo rendimiento o aprendizaje, debes solicitar una evaluación del área.

Lo que puedes pedirle al colegio:

Información sobre los posibles causales de la dificultad.

Acogida a cargo del tutor o una persona encargada.

Si se identifica que es un problema de adaptación social, entonces pedir que pueda trabajarse con el aula para prevenir conductas de discriminación, rechazo o posible acoso escolar.

Receptividad de parte de los docentes para resolver sus dudas académicas y sociales.

Estrechar el vínculo entre tutor y estudiante.

 

La mejor intervención es la comunicación efectiva entre padres y escuela.

 

Mg. Ana Isabel Aldazábal C.

Psicóloga

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