¿Cuándo nuestros hijos deben empezar una terapia especializada?

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Cada vez que padres y madres son llamados al colegio para una reunión van predispuestos a escuchar “malas noticias”. Deben saber que esas ideas están basadas en experiencias negativas, que se convierten en creencias irracionales que finalmente nos hacen perder el norte. Cuando vamos predispuestos a lo negativo, dejamos de escuchar lo verdaderamente importante “lo que realmente está pasando con nuestro(a) hijo(a)”. Reaccionamos como si estuvieran calificando nuestro actuar de padre o madre, y esto bloquea la objetividad cuando escuchamos que debemos cambiar algunos aspectos de nuestra rutina diaria en beneficio de nuestro(a) hijo(a).

He tenido la oportunidad de orientar a padres y madres que durante años han cumplido con los requerimientos del colegio para que su hijo(a) lleve terapia especializada; muchas veces ya cursan el 5° o 6° grado y todavía no comprenden por qué siguen necesitando la intervención. Van como si estuvieran en piloto automático, sin identificar realmente la importancia de la terapia.

Esta responsabilidad no es solo de los padres y madres, sino de las personas que nos encargamos de transmitir la necesidad de un trabajo personalizado (sea el apoyo de un/a tutor/a, psicólogo/a o especialista en algún área).  Por ello, en este artículo desarrollaremos dos puntos importantes: primero, diferenciar el apoyo académico del especializado, y segundo, reconocer cuándo un estudiante debe recibir intervención.

 

DIFERENCIANDO TERAPIA DE APOYO ESCOLAR

Al escuchar estos dos conceptos debemos saber que estamos frente a términos diferentes pero que cuyo producto final se ve en el rendimiento académico. El apoyo escolar es el proceso en la que los padres o tutores se comprometen a acompañar el aprendizaje de temas o capacidades que el estudiante no ha logrado adquirir con facilidad, sea por falta de repaso, de organización y dedicación para el estudio, de supervisión de parte del adulto, de responsabilidad en caso de los estudiantes más grandes. Se espera que después de un período de trabajo sistemático, los(as) chicos(as) incrementen sus calificaciones y muestren mayor independencia y seguridad.

La terapia especializada tiene el objetivo de desarrollar en los/las estudiantes capacidades o habilidades que no llegaron a adquirir en su momento, sea por falta de madurez neurocognitiva, o alguna disfunción o trastorno pre existente. Se refleja específicamente cuando existe: retraso en el lenguaje, adquisición del lenguaje de manera atípica, problemas en la comprensión, razonamiento y ajuste social, dificultades en el desarrollo motor, en la presencia de conductas impulsivas y desorganizadas, en la lentitud para el aprendizaje de la lectura, escritura y matemática, etc.

La terapia especializada no desarrolla actividades del colegio, esto quiere decir que con el terapeuta “no se hacen las tareas”, ni se repasa para las evaluaciones. El especialista tiene un trabajo focalizado con objetivos específicos que servirán para que el/la estudiante pueda tener recursos, así equipararse a sus compañeros(as) en el proceso de aprender.

De la misma manera, un tutor no está capacitado para asumir la intervención, ni tiene la tarea de hacerlo. Si el tutor en casa ha llevado una especialización, podría tener mejores recursos para incluir estrategias, pero esto no quiere decir que haga ambas cosas a la vez.

 

¿CUÁNDO DEBE RECIBIR TERAPIA?

La terapia está recomendada para estudiantes cuya dificultad no se soluciona con el repaso continuo o apoyo  de un(a) tutor(a). Por ello, después de que has agotado todas tus posibilidades durante el primer periodo de trabajo y no ves buenos resultados en las evaluaciones de proceso y las de fin del período, puedes considerar que la dificultad necesita de un apoyo especializado.

Cuando en diferentes momentos de la escolaridad te han mencionado dificultades evidentes en tu hijo(a). En la actualidad los(as) profesores(as) están más capacitados para dar referencias objetivas y certeras de lo que puede estar pasando con tu menor, por ello no dejemos que pasen los años para tomar las mejores decisiones.

Cuando tu hijo(a) ha presentado retraso en la adquisición del lenguaje (habló tarde, habló mal, tuvo un lenguaje desorganizado, dificultades para comprender instrucciones orales o escritas, o lentitud para procesar la información que escucha o ve).

Cuando tuvo o tiene dificultades motoras, esto quiere decir que a pesar de la estimulación temprana que recibió, de los cursos de natación, de las salidas al parque y manejar bicicleta todavía observas que hay torpeza motora en el desplazamiento, mala postura, se incomoda al estar sentado mucho tiempo, no sabe coger bien el lápiz o lapicero, se agota al escribir o tiene una mala letra.

Dependencia marcada hacia la presencia del adulto como: aparente inmadurez emocional, inseguridad, dificultad para adaptarse a los cambios, frustración cuando no le sale bien lo que se propone, reacciones impulsivas o aparentemente muy caprichosas, se niega a desarrollar solo la tarea, no asume responsabilidades a pesar que saber que puede salir perjudicado(a).

Cuando observas algunas conductas atípicas poco esperadas para su edad como: prefiere estar solo(a), tiene gustos “diferentes”, fijaciones en algunos temas, objetos o intereses, discursos poco claros o fuera de lugar, desconexión con el entorno, etc.

 

Esperamos que estos puntos tratados sean de mucha utilidad. Tomemos las mejores decisiones a tiempo. Los profesores son nuestros mejores aliados y que juntos podemos lograr grandes cosas.

 

Mg. Ana Isabel Aldazábal C.

Psicóloga – Especialista de Lenguaje y Aprendizaje

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