Contrarrestrando los factores de riesgo para el consumo de drogas y alcohol

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Cuando hablamos del consumo de drogas y alcohol en los/las adolescentes tenemos presente las variables heredadas o predisposición genética como factor influyente en conductas de consumo excesivo; pero también existen las conductas aprendidas, que suelen aparecer frente a dificultades que surgen en la relación entre padres e hijos. En este artículo, nos abocaremos a ahondar en los factores de riesgos que podemos encontrar en nuestros propios hijos(as), así como identificar de qué manera nuestras conductas influyen en su aparición, además de las estrategias de actuación –como padres y madres– frente a ellos.

 FACTORES DE RIESGO

Invalidación emocional: ¿Te has preguntado si en algún momento criticas o te molesta la manera de reaccionar de tu hijo(a)?. No podemos negar que nuestro(a) hijo(a) pueda sentir tristeza, ira, vergüenza, ansiedad, miedo, frustración u otras emociones más. Es esperado que estas emociones surjan a lo largo de su desarrollo. Si nosotros las negamos, le estaríamos dando el mensaje: “No debes sentir esas emociones porque te vuelven frágil, debes estar siempre bien”. Aunque no lo creas, el negar las emociones negativas promueve que tu hijo(a) busque la manera de no sentirlas, haciendo posible el consumo de sustancias psicoactivas.

¿Qué hacer?

Evalúa tu manera de actuar con tu hijo(a). Si estás siendo extremo y descalificando continuamente, debe cambiar.

Pregúntale a tu hijo(a) cómo te ve.

Valida lo que siente tu hijo(a). Esto ayudará a que se comunique más contigo. Ej. “Entiendo que estés molesta porque tu hermana se puso tu short nuevo, pero pegarle no es correcto y no se justifica. Pudiste manifestarle tu enojo de otra manera, además si me lo decías podíamos tomar alguna medida sobre su falta de respeto”

 Poca tolerancia a la frustración: Actualmente se percibe que los(as) chicos(as) no toleran una

negativa, mostrando un enojo desmedido porque sus padres no le dieron lo que quería, no obtuvieron el permiso para salir o porque no les compraron lo último en tecnología. Esta conducta desproporcionada es peligrosa y debe ser corregida lo antes posible. La poca tolerancia a la frustración es la pobre capacidad para resistir una experiencia negativa. Se debe saber que esta capacidad es aprendida, esto quiere decir que el entorno –los padres– son los primeros que deben manifestar su tolerancia frente a hechos difíciles. También, la sobreprotección es un detonante para la poca tolerancia a la frustración, debido a que no permite que los(as) chicos(as) tengan experiencias negativas.

¿Qué hacer?

Cría a tus hijos con límites y reglas. Eso no quiere decir que seas inflexible, solo debes saber qué se negocia y qué no.

Puedes negociar: hora de recojo de las fiestas, permitir que no asista a actividades que no le sean muy agradables (nunca eventos significativos para la familia), tipo de ropa pero con ciertos parámetros, el/la enamorado(a) o los amigos.

Nunca se negocia: ir al colegio, cumplir con sus obligaciones, compartir el tiempo en familia, respetar horarios, disculparse cuando ha cometido un error.

Permite que tu hijo(a) se frustre o experimente emociones negativas.

Conversa con tu hijo(a) después de una situación difícil. Dale un tiempo para que se calme y luego reflexiona con él/ella sobre lo que pasó y porqué pasó.

Evitar mensajes donde victimices a tu hijo(a). Debe saber qué lo que hacemos trae consecuencias y que somos responsables de nuestras buenas y malas experiencias.

 Conflicto con los padres: Muchas veces nos quejamos de que nuestro(a) hijo(a) no nos obedece, y esto se agrava a medida que crecen; pero nos hemos preguntado ¿por qué no lo hace? ¿Será que no tenemos autoridad sobre ellos? ¿Debería ser más severo(a)?

Considero que más que las amenazas o castigos, se debe invertir en el vínculo. Como lo mencionan en la publicación Evita: guía para la prevención del consumo de alcohol y drogas en la adolescencia, “si no hay conexión, no hay corrección”. Esto quiere decir que si no tenemos una buena relación con nuestro(a) hijo(a) no lograremos nada por más que los amenacemos.

¿Qué hacer?

Valora las buenas conductas de tu hijo(a). Toma en cuenta hasta lo más mínimo.

Transmite afecto de las tres formas básicas: física (abrazos y besos), verbal (“Te quiero mucho”) y en el hacer (estar pendiente de sus gustos e intereses).

Comunícate con mensajes positivos, debido a que serán mejor recibidos. Ej. “Gracias por acompañarme a realizar las compras. Hemos podido comprar los alimentos para la familia”

 Expectativas poco realistas: A veces se comete el error de querer que nuestro(a) hijo(a) cumpla con algunos de nuestros sueños (académicos, deportivos, artísticos, profesionales, etc.). Cuando nuestro(a) hijo(a) percibe nuestra incomodidad, entonces se crea en él un sentimiento como este “Nunca cumpliré con los sueños de mis padres”. Esto crea inseguridad y disconformidad en él/ella. Es necesario que aceptemos que nuestro(a) hijo(a) tiene su propio temperamento, sus gustos e intereses, sus emociones, una forma de cuerpo que no es igual al nuestro, o alguna dificultad.

¿Qué hacer?

Identifica cuáles son las expectativas para con tu hijo(a) en las áreas: personalidad, temperamento, intereses, emociones, forma del cuerpo, ambiciones. Date cuenta si estás queriendo que sea como tú o que cumpla tus deseos.

Toma en cuenta que deben ACEPTAR a tu hijo(a) tal como es. Esto es base para una autoestima sólida.

Comprende que sus dificultades no lo/la hace incapaz; son nuestras actitudes que influyen en su percepción.

                                                                  Crianza sin estructuras: En la actualidad vivimos en un “corre – corre” continuo. Sentimos que el tiempo no nos alcanza para nada, pero a la vez queremos cumplir con todo. Esta situación propicia un ambiente estresante para los hijos, porque no se saben qué esperar, a qué hora se comerá, cuándo se compartirá el tiempo con los padres, qué se hará el fin de semana. Las familias con pobres estructuras y rutinas transmiten una situación de caos en sus hijos(as), y eso a su vez ansiedad continua.

¿Qué hacer?

Establece rutinas básicas en casa: hora de comidas, realizar tareas, entretenimiento, salidas familiares, etc.

Mantener las rutinas aún en tiempo de vacaciones.

Rompe con tus malos hábitos para que seas ejemplo para tus hijos. Ej. Deja de contestar tus e-mails cuando estás compartiendo con tu familia.

 Roles familiares confusos: El ser padre/ madre no nos asegura que seamos los “adultos” en la relación con nuestro(a) hijo(a). Cuando los padres se sienten poco capaces para lidiar con la angustia o las preocupaciones del quehacer familiar, son frágiles o tienen problemas conyugales que no pueden superar; pueden cambiar su rol y enviar el mensaje de que son ellos los que necesitan protección. Esta situación crea en los hijos elevados estados de ansiedad y preocupación porque cree que debe ejercer protección hacia sus padres o hermanos. También le provoca resentimiento, pérdida de respeto hacia sus padres o confusión ¿quién soy? ¿soy hijo(a) o protector(a)?.

¿Qué hacer?

Los roles deben ser bien definidos. No se puede pretender que nuestros hijos asuman una responsabilidad que no les corresponde.

Los problemas personales o conyugales deben ser compartidos con amistades o especialistas en el tema. Los hijos no pueden ser nuestros paños de lágrimas.

Las decisiones fundamentales del hogar las asumen los padres. No los hijos.

Asignar la culpa a los demás: Los estudios concluyen que las personas que consumen alcohol  o drogas no aceptan asumir sus responsabilidades frente a determinados actos. En su historial se encuentra una pobre capacidad para lidiar con la frustración, sensación de que no controlan su propia vida, que otros son responsables de sus fracasos y tristezas. Estos sentimientos de poco control son compensados por los efectos de la droga, que hace sentir que se tiene control sobre los actos y situaciones.

¿Qué hacer?

Analizar las situaciones negativas cuando su hijo(a) esté calmado. No ganarás nada cuando ambos estén enojados.

Buscar los motivos (responsabilidades) que ocasionaron la situación. Esto ayudará a que asuma su responsabilidad sin sentirse acusado(a).

Proponer alternativas: ¿qué debo hacer para que no vuelva a suceder? ¿Qué podrían hacer los demás para que esto no suceda?

Recuerde que su hijo(a) es su espejo. Copiará todo lo que haces.

Evita responsabilizar a otros para justificar los actos de tu hijo(a).

Debe asumir sus responsabilidades.

 Valores confusos: Sabemos que no es muy sencillo ser coherentes con lo que se dice, pero debemos saber que la incoherencia crea confusión en los hijos, y esto a su vez irresponsabilidad en los actos. Ellos deben saber que todo cuesta, que no es fácil llegar a la meta o conseguir los propósitos, pero es necesario que sepa que solo el esfuerzo nos permite crecer.

¿Qué hacer?

Reflexiona sobre tus propias inconsistencias. ¿De qué manera puedo trabajarlas?

Platea “objetivos pequeños” para cada aspecto que deben cambiar.

Debes fomentar el valor de la salud. Esto hará que incremente conductas protectoras frente al consumo de sustancias psicoactivas.

 "Si te das cuenta que tu hijo(a) presenta uno o varios factores de riesgo, entonces consulta con un especialista"

 

Mg. Ana Isabel Aldazábal C.

Psicóloga

Basado en la publicación EVITA: guía  para la prevención del consumo de alcohol y drogas en la adolescencia. 

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